| Summary: | Luego de que al filo del 2000 se habló mucho sobre el fin del libro y de la literatura como paradigmas de la cultura, hemos constatado que la literatura en papel no murió ni se trasladó completamente al mundo digital, sino que se retroalimentó de éste y de sus dinámicas y renovó sus modos de producción. Así, en el contexto de la tecnocultura, la literatura ha renovado y diversificado sus modos de producción en contacto con otras esferas mediáticas, se ha retroalimentado de la tecnología y ha ampliado sus procesos, por un lado, para hacerse de un lugar en el contexto digital y, por otro, para potenciar y ampliar la materialidad detrás de la experiencia de la digitalidad, que vemos cristalizada en el auge de las editoriales independientes, la constante producción de libros de artista y obras intermediales, la incorporación de temas y procesos del arte contemporáneo y la consolidación de “literaturas en red” que abrevan de las dinámicas del universo digital. Me interesa detenerme en cómo el concepto de literacidad se ha modificado a la luz de esto y cómo, en la literatura contemporánea, las prácticas de escritura y lectura de un medio se trasladan a otro, generando una condición de transliteracidad, en la que me detendré a través de algunos ejemplos.
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