| Summary: | Cuando el cuerpo es el interlocutor de la vida ya no es posible otra opción que la afirmación de absolutamente todo, incluso de la negatividad de lo que nos falta.
El presente trabajo pretende hacer ver cómo para Nietzsche las fuerzas más profundas de los impulsos vitales arrancan
de ese mutismo fisiológico inicial y derivan en la exigencia trágica y sin fondo de la condena hermenéutica. Frente a lo que pudiera parecer, sí que hay en su pensamiento una jerarquía educativa de las pulsiones que se vincula con la adecuada cadencia de lo coreográfico. La danza podría ser
entendida como la pedagogía fisiológica de la voluntad de poder para todo aquel que ríe arriesgadamente y que se libera del reductivo maniqueísmo moral de la conciencia. Solo la gravedad de la risa, sin pretenderlo nunca, puede llegar a convertirse en testimonio educativo para los demás.
La manera en que mejor podremos comprender esto será fijándonos en el inconsciente magisterio del viejo Zorba de Kazantzakis.
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